| 10ª Etapa (27/03/2010) |
| Escrito por Antonio Henares |
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10ª ETAPA WUKRO – ADI GUDOM 110KM Dejar la misión nos emociona. Después de desayunar con el misionero Ángel Olarán, con José Antonio y con Quepa, nos hacemos las fotos de rigor y las bicicletas solidarias continúan su rumbo. Es uno de los momentos más difíciles del viaje, partir del lugar donde sientes el calor de los niños, del lugar donde la ayuda humanitaria está a buen recaudo, y donde el objetivo se ha cumplido, haber compartido momentos especiales, momentos irrepetibles con un tipo como Ángel es algo que quedará en nuestras mentes para toda la vida; son ya muchas las personas que en nuestra vuelta al mundo solidaria, hemos conocido, personas la mayoría de ella anónimas, pero a todas les une un mismo fin, dar su vida por los demás a cambio de nada. Uno de los integrantes del grupo, tiene que quedarse en la misión, al seguir lesionado con el nervio ciático, tendrá que guardar reposo e intentar unirse de nuevo al grupo, ya cerca de Lalibela, todos nos abrazamos a él y sentimos un poco nuestro su dolor, toda la preparación de un año, y en el momento cumbre lesionarse. Sunsi sigue con su tendinitis pero decide continuar; comenzamos a pedalear, y como siempre con las referencias que nos dan los paisanos del lugar, para ellos todo el recorrido es plano, se nota que viajar en autobús y seguro que en las últimas filas, porque para salir de Wukro tenemos que afrontar un primer puerto de 16km, y con un calor terrible 39ºC, el grupo viaja compacto y sin dejar de hablar de todo lo vivido en la misión, en el hospital, en las casas de los huérfanos, hablamos de la dificultad que tendrá este país para seguir adelante, hasta ahora es el más pobre que hemos atravesado, y en el que menos esperanza de mejora hemos visto. Paramos a tomar un refresco pues el calor es insoportable, y con tan mala suerte que al continuar nos equivocamos de carretera y nos hacemos un descenso de 20 km a Mekele, el descenso está genial el problema viene cuando tenemos que salir de la ciudad con un puerto de montaña que no estaba previsto y como siempre con la lluvia de después de comer.
La lluvia nos está castigando cada tarde, tenemos toda la ropa mojada, no da tiempo a secarse por las noches, la verdad es que ponerte por la mañana las zapatillas mojadas es una faena, a pesar de que a los pocos kilómetros ya están secas. Subidas y bajadas de colinas y nos cae como casi todos los días la noche encima de la bicicleta, paramos en una ciudad fantasma Adi Gudom, una población sin luz eléctrica, el pueblo entero a la luz de las velas y candelas, no tienen ni linternas, encontramos una posada donde dormir, la verdad es que muy poco confortable, el olor que hay de la letrina es insoportable, y penetra en las habitaciones, en una colchoneta de 1,10 tenemos que dormir dos personas, la mayoría preferimos dormir solas en el suelo, lo peor es que no tenemos agua para lavarnos y venimos llenos de barro, es lo que peor llevamos, la falta de agua para la higiene; falta lo mejor la cena, lo único que hay es una especie de gachas manchegas, llamadas Takánimo, pero muy picantes, es una harina con pimentón, aceite y mucha guindilla, que mojamos con pan; lo mejor el café primero lavan los granos, luego los tuestan en un cazo sobre las ascuas, seguidamente los muelen en una especie de mortero, y seguidamente los introducen en una jarra donde introducen el agua y de nuevo la jarra a las ascuas, 45 minutos para preparar un café, pero aquí nunca hay prisa, y además está buenísimo. A las 20,30 ya estamos todos en la cama, se van notando los días y la gente cada vez va acumulando más el esfuerzo. Mil abrazos Antonio Henares
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