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Después de 28 horas de viaje, estamos frete a uno de los lugares más bellos del planeta, las cataratas de bujagali, que más que cataratas son grandes rápidos, el color plateado de sus aguas y el ruido es espectacular. Tras llegar con unas horas de retraso debido a la parada que realizó la policía a la camioneta que transportaba las bicicletas, y al tener que recoger una de las cajas de las mismas que salió volando por el camino, nos encontramos esperándonos a José Juan un misionero comboniano que lleva 30 años por estos lares de África, nos fundimos todos en un abrazo con él, recorrió desde las cinco de la madrugada 600 kms para venir del valle de Kidepo una de las zona más deprimidas del mundo y encontrarse con nosotros.
Por nuestra parte tenemos que emplear toda la tarde para montar, ajustar las bicicletas y preparar todo el material que tendremos que llevar a cuestas.

Lo mejor del día, la tertulia con Jose Juan mientras degustamos unos peces que nos han cogido del Nilo, y nos los han cocinado envueltos en papel en las brasas; las peripecias que ha tenido que realizar para poder llegar atravesar una zona donde le han disparado para que parara y poderlo atracar, y de ello queda constancia en su vieja camioneta, no como los modernos todo terreno que llevan las ONG que operan en la zona; a él todo esto no le importa, él es feliz de encontrarse con nosotros con charlar con compatriotas, no ha visto un español desde hace año y medio, y lo más importante recibir nuestra humilde ayuda con la que comprará un camión de maíz y chapas para terminar una escuela.
Le acosamos a preguntas y él se siente cómodo, nos comenta una y mil anécdotas, nos cuenta su vida en la misión, algo nos impacta y es cuando nos dice que la mayoría de la gente de su zona muren de infección, como anécdota a las mujeres cuando paren en ocasiones solo tienen una tapa de una lata oxidada para cortarles el cordón umbilical, nos habla de la ayuda que envían las ONG, lo que llega y lo que se pierde en el camino, de las aportaciones de grandes países que nunca la ven.
A pesar de que la mayoría del grupo no somos practicantes y algunos creyentes, en el momento de la bendición de la mesa, no pudo Jose Juan reprimir unas lágrimas, lagrimas que a muchos de nosotros nos impactaron e hicieron un nudo en nuestras gargantas; al final de la cena le hicimos entrega de la ayuda, de un par de cinturones, un par de linternas, y la mayoría de las medicinas que llevamos para nuestro viaje, seguro que a su gente le hacen más falta que a nosotros, por lo tanto nos hemos quedado con lo básico.
Esté ha sido un día de los que le da sentido a nuestro viaje, un día de los de verdad.
ANÉCDOTA DEL DIA.- Hemos estado con el 50% de los cascos azules españoles destinados en El Congo, tan solo son dos los soldados destacados y uno, por cierto de Cadiz, estaba disfrutando de unas vacaciones en Uganda.
Mil abrazos y mañana comienza el pedaleo
Antonio Henares
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